Dani

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IA · Historia · Lectura: 13 min

De la computación a la IA

Una historia fácil: cómo empezaron las computadoras, qué pasó con internet y la burbuja puntocom, del beeper al celular, y por qué quien usa la IA hoy se posiciona como quien usó internet a tiempo.

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Máquinas que calculan

La idea de una máquina que piensa por nosotros es vieja. En los años 1830, Charles Babbage diseñó una "máquina analítica" mecánica y Ada Lovelace escribió para ella lo que hoy consideramos el primer programa. Nunca se construyó completa, pero la idea quedó.

Un siglo después, en 1936, Alan Turing describió en papel una máquina capaz de ejecutar cualquier cálculo si se le daban las instrucciones correctas. Esa es, en esencia, la computadora moderna. En 1945 se encendió ENIAC, una de las primeras computadoras electrónicas: pesaba 27 toneladas y ocupaba una sala entera para hacer lo que hoy hace una calculadora.

Dos inventos hicieron que todo se encogiera: el transistor (1947) y el microprocesador (1971, el Intel 4004). A partir de ahí, cada pocos años la misma potencia costaba la mitad y ocupaba la mitad. En 1977 llegó el Apple II y en 1981 el IBM PC: la computadora entró en las oficinas y en las casas.

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La inteligencia artificial nace en 1956 (y se enfría dos veces)

El término inteligencia artificial se acuñó en 1956, en una reunión de verano en Dartmouth, Estados Unidos. Un grupo de investigadores creyó que en una generación las máquinas harían cualquier tarea humana. Se equivocaron en el plazo, no en la dirección.

Hubo dos "inviernos de la IA" (años 70 y finales de los 80): las promesas no se cumplían, el dinero se fue y la palabra quedó mal vista. Pero la investigación siguió. En 1997 una computadora de IBM, Deep Blue, venció al campeón mundial de ajedrez, Garry Kasparov. Fue más fuerza bruta que inteligencia, pero marcó un antes y un después.

Lo que faltaba no era la idea: eran datos y potencia. Y eso lo trajo internet.

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Cuando casi nadie tenía teléfono: del beeper al celular

Hasta los años 90, comunicarse era caro y lento. En muchos países el teléfono fijo tardaba meses en instalarse y no todas las casas tenían uno. Los médicos, los técnicos y los ejecutivos llevaban un beeper: un aparato que solo recibía un número o un mensaje corto; luego había que buscar un teléfono para devolver la llamada.

El primer celular comercial, el Motorola DynaTAC, salió en 1983: pesaba casi un kilo, la batería duraba media hora de llamada y costaba unos 4.000 dólares de la época. Durante años fue un símbolo de estatus, no una herramienta común. En los 2000, con Nokia y los mensajes de texto, el celular se volvió masivo.

Y en 2007 Apple presentó el iPhone: internet, cámara y aplicaciones en el bolsillo. Android llegó un año después. Hoy más personas tienen un celular que acceso a agua potable en casa. En menos de 25 años pasamos de "pocos tienen teléfono" a "todos tienen una computadora en la mano".

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La revolución de internet

Internet empezó como un proyecto militar y académico en 1969 (ARPANET). Lo que la hizo útil para todos fue la World Wide Web, creada por Tim Berners-Lee entre 1989 y 1991: páginas, enlaces, navegadores. Con Netscape (1994) cualquiera podía "navegar".

Un dato para dimensionarlo: en 1995 había unos 16 millones de usuarios de internet en el mundo, menos del 1 % de la población. En el año 2000, unos 360 millones. Hoy, más de 5.000 millones.

Aquí está la parte importante de la historia. En los 90, la mayoría de los negocios veía internet como un juguete o una moda. Los que sí la usaron, aunque fuera para una página sencilla o para vender por correo electrónico, llegaron antes a clientes que la competencia ni veía. Amazon empezó vendiendo libros desde un garaje en 1994. Google nació en 1998. Mientras tanto, cadenas gigantes de tiendas, de videoclubes y de fotografía siguieron haciendo lo de siempre.

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La burbuja puntocom: cuando todo subía

Entre 1995 y 2000, cualquier empresa con ".com" en el nombre conseguía millones de inversionistas. Muchas no tenían ingresos ni plan; bastaba con prometer que "internet lo cambiaría todo". El índice Nasdaq, donde cotizaban casi todas, se multiplicó por cinco en cinco años y tocó su máximo el 10 de marzo de 2000.

Luego se desinfló. En dos años y medio el Nasdaq perdió cerca del 78 % de su valor. Empresas famosas de la época, como Pets.com o Webvan, quebraron en meses. Amazon cayó más de un 90 % y sobrevivió por poco. Mucha gente que entró al final perdió casi todo.

Lo curioso es que la promesa era verdad: internet sí lo cambió todo. Solo que tardó diez años más de lo que los precios descontaban, y las ganadoras fueron pocas. De ahí salen tres reglas que valen hoy igual:

  • Que una tecnología sea real no significa que cualquier empresa de esa tecnología valga lo que cuesta.
  • Cuando todos hablan de lo mismo y nadie mira las cuentas, el riesgo es máximo.
  • Las que sobreviven son las que resuelven un problema real y cobran por ello.

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La IA de hoy: por qué ahora sí

Después de los inviernos, tres cosas se juntaron: internet llenó el mundo de datos, las tarjetas gráficas dieron potencia barata y los investigadores encontraron una técnica que escala: las redes neuronales profundas. En 2012 una de ellas ganó por goleada un concurso de reconocimiento de imágenes (ImageNet) y la industria entera cambió de rumbo.

En 2016 AlphaGo venció al campeón mundial de Go, un juego que se creía fuera del alcance de las máquinas por décadas. En 2017 se publicó la arquitectura Transformer, la base de los modelos de lenguaje actuales. Y en noviembre de 2022 salió ChatGPT: llegó a 100 millones de usuarios en unos dos meses, lo más rápido que había crecido un producto hasta entonces.

La diferencia con los inviernos anteriores: esta vez la IA ya hace trabajo útil hoy. Escribe, resume, traduce, contesta clientes, revisa documentos, programa. No es perfecta: se equivoca con seguridad y hay que verificarla. Pero el que la usa bien hace en una hora lo que antes tomaba un día.

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Lo que viene: computación cuántica

Las computadoras de hoy trabajan con bits: ceros y unos. Una computadora cuántica usa qubits, que aprovechan propiedades de la física cuántica para explorar muchas posibilidades a la vez en ciertos problemas. No es "una computadora más rápida para todo": es una máquina distinta, buena para unas pocas cosas muy difíciles.

¿Para qué serviría? Simular moléculas (medicinas y materiales nuevos), optimizar rutas y portafolios complejos, y romper parte de la criptografía actual, lo que ya está obligando a crear una criptografía "post-cuántica". Hoy existen máquinas cuánticas de laboratorio, con errores frecuentes y pocas aplicaciones prácticas, pero las grandes empresas y gobiernos están invirtiendo miles de millones.

Regla para no caer en humo: cuando alguien te venda "inversiones cuánticas" o "IA cuántica" con rendimientos garantizados, es la burbuja puntocom otra vez. La tecnología puede ser real; el vendedor, no.

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Quién se posiciona y quién se queda

Mira el patrón completo: la computadora personal, el celular, internet, el smartphone. En cada ola pasó lo mismo:

  1. Al principio parece cara, complicada o innecesaria.
  2. Unos pocos la usan para hacer su trabajo de siempre mejor y más barato.
  3. Diez años después, no usarla es lo raro, y los que llegaron tarde compiten en desventaja.

Blockbuster rechazó comprar Netflix en el año 2000. Kodak inventó la cámara digital en 1975 y la guardó en un cajón para no dañar su negocio de rollos; quebró en 2012. No les faltó tecnología: les faltó usarla.

Con la inteligencia artificial estamos en el paso 2. Un negocio pequeño que hoy pone una IA a contestar clientes, a hacer seguimiento y a ordenar su información no está haciendo ciencia ficción: está haciendo lo que hizo en 1998 quien abrió una página web cuando su competencia decía que eso no servía.

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Qué te llevas de esta historia

  • La computación lleva casi un siglo haciéndose más barata y más pequeña; la IA es el último escalón, no una moda aislada.
  • En cada ola tecnológica ganó quien la usó antes, no quien la entendió mejor.
  • La burbuja puntocom enseña a separar la tecnología (real) del precio (a veces absurdo).
  • La computación cuántica viene, pero despacio; desconfía de quien ya te la vende.

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